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VIKINGOS IV: ARMAS Y ARMADURAS.

Escrito por Antonio García Palacios on . Escrito en Medieval

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LOS VIKINGOS (IV): ARMAS Y ARMADURA.

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    Al margen de las armas propias de la lucha cuerpo a cuerpo, condicionantes clave en la definición de un enfrentamiento, los proyectiles constituían una parte importante del combate y, en ciertos casos, fundamental. Cuando las tropas estaban protegidas por los muros de un castillo o por las defensas de una nave, la lucha se limitaba al intercambio de venablos y saetas.

 

Dentro del grupo de armas arrojadizas existentes en este periodo histórico (S. IX), los vikingos hicieron uso especialmente de dos: flechas propulsadas mediante arcos de largo alcance y jabalinas. Su manejo y la precisión en el lanzamiento eran cualidades muy valoradas a la hora de constituir un ejército o planificar una acción militar.

El uso del arco como arma fue habitual en los combates vikingos. Éste podía ser de diferentes tipos: corto, largo, compuesto y autocompuesto. Las puntas de flecha también eran variadas, desde las puntas de hoja de trébol a las de hoja plana y lengüetas, orientadas a la caza. Se estima que en un carcaj podía haber unas cuarenta. En algunas sagas se menciona el recurso a ballestas, no obstante, esta información constituye a todas luces un anacronismo. En una línea de batalla terrestre, normalmente, los tiradores se situaban detrás de los hombres de armas, aunque existen teorías que defienden la utilización de arcos por parte del conjunto de guerreros durante la primera fase del enfrentamiento, abandonándose posteriormente los mismos al iniciarse la carga. Según este supuesto, quedaría desechada la idea del empleo de arqueros como soldados especializados. Sea como fuere, la presencia de buenos arqueros era de vital importancia, sobre todo, cuando sitiados y sitiadores estaban separados por terraplenes fortificados, existiendo en estos casos una necesidad real de romper el bloqueo y el combate de posiciones. Ahí el acierto con el arco y la puntería certera podían llegar a ser decisivos.

En cuanto a las puntas de lanza, había dos tipos. Aquellas más ligeras y aerodinámicas se utilizaban como proyectiles, mientras que las más pesadas, dotadas habitualmente de amplias lengüetas o aletas, se reservaban para los combates a corta distancia. Este era el caso de lanzas con grandes hojas en forma alargada y de algunas jabalinas de punta estrecha. Las lanzas de tipo pilum poseían una punta metálica diseñada para romperse o doblarse cuando quedaba incrustada en un objetivo, haciéndola inservible, lo que impedía al enemigo su reutilización. No ocurría lo mismo en el caso de las puntas de lanza con lengüeta, cuyo fin era dificultar la extracción del arma de la carne de una víctima.

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A.  Tipo _pilum_, diseñada para doblarse una vez incrustada en el escudo enemigo e impedir así su reutilización inmediata; B.  Jabalina con lengüetas, tipo 1.; C.  Jabalina con lengüetas, tipo 2.; D.  Venablo sin lengüetas.

Como nos muestra La Saga de los Habitantes de Eyr, la tradición era comenzar la batalla arrojando una lanza al ejército enemigo en honor de Odín. A partir de este momento, se enviaba una andanada de flechas que, habitualmente, era correspondida por el adversario, causando un número notable de bajas. Frente a estos ataques y, por supuesto, en el caso del combate cuerpo a cuerpo, el escudo constituía la principal forma de defensa. El escudo tradicional vikingo era circular, de aproximadamente un metro de diámetro y con una protuberancia de metal en el centro para cubrir la empuñadura. Estaba fabricado a base de tiras de madera estrechas, con algunos puntales de hierro, formando un bastidor en la parte posterior, y un refuerzo de piel alrededor del aro o, incluso, sobre todo su anverso. En el S. X, a este diseño se le unió otro en forma de cometa, ancho y redondeado en su parte superior y estrecho y picudo en la inferior, que aparece representado en el famoso tapiz de Bayeux. Era óptimo para el combate a caballo, pues cubría toda la pierna izquierda del jinete, no obstante, en los combates a pie era menos manejable y cómodo que el circular. Quizá la más memorable imagen de los escudos vikingos es la línea que, generalmente, formaban a lo largo de las bordas de una nave dragón. Se trataba de una demostración de fuerza, aunque también tenía un sentido táctico. Aumentar la altura de la salvaguarda con los escudos permitía a la tripulación continuar remando sin exponerse al peligro de flechas y jabalinas.

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Burgo de escudos.

Frente a lanzas, escudos y arcos, relativamente abundantes, los cascos fueron escasos. Actualmente, las investigaciones arqueológicas han permitido conocer sólo uno correspondiente al mundo vikingo sensu stricto. Se trata del casco de Gjermundbu, datado en torno al año 880. La posesión de una de estas piezas era considerada un signo de prestigio social, un exponente de riqueza y, al mismo tiempo, de experiencia militar. Por tanto, los cascos eran un distintivo de ostentación y, a la vez, algo práctico, un artículo codiciado, dirigido a mostrar una valía superior sobre el resto del grupo.

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A. Casco funerario previkingo de Valsgarde, ricamente decorado, comparable a los de Sutton Hoo y Benty Grange, que son más o menos de la misma época.

B. Un «Spangenhelm» manufacturado a partir de pequeñas láminas decoradas. Este diseño, con las correspondientes variaciones locales, se usó en Europa desde el S. V hasta el XI.

C. El yelmo de Gjermundbu (finales del S. IX), uno de los pocos genuinamente vikingos que han sobrevivido. Elaborado mediante la técnica spangenhelm.

D. Yelmo de una pieza, típico de los siglos X y XI, con protección nasal. Los yelmos de Olmütz, Poznan y Praga («Wenceslas») son particularmente famosos, aunque aparecen varias piezas similares en el tapiz de Bayeux.

Tal y como sucede con los cascos, la cota de malla era también una prenda costosa y de compleja fabricación. Hay pocos restos de este tipo de defensas, lo que ha llevado a los expertos a plantear que, quizá, la mayor parte de los guerreros no tenían acceso a las mismas, utilizando en su lugar petos de piel o cuero, aunque las evidencias en este sentido son igualmente escasas.


Pasando al ámbito del combate cuerpo a cuerpo y de las armas propias del mismo, hablaremos en primer lugar de las espadas. Los estudios a los que han sido sometidas aquellas que han llegado hasta nuestros días, permiten confirmar que fueron elaboradas con técnicas de forja bastante sofisticadas a través de las que se obtuvieron duras hojas de acero. Frecuentemente, contaban con acabados ornamentales más lujosos que los de las lanzas (incrustaciones de marfil o de metales preciosos en la empuñadura) y con nombres propios, lazos simbólicos o místicos entre el arma y su propietario. Las hojas que gozaron de mayor reputación fueron las elaboradas por los herreros francos, especialmente Rhenish Ulfberht. El modelo básico era recto, de una sola hoja (pero con doble filo) y unos 90 cm. de largo. Se guardaba envuelta en piel de oveja, dentro de una vaina de cuero ceñida a un cinturón o a un tahalí, a la altura de la cadera, y, puesto que su objetivo era cortar más que clavar, a menudo su punta no era muy afilada.

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Las hachas de combate, al igual que los barcos de guerra, han terminado por convertirse en uno de los rasgos definitorios de la identidad militar vikinga. Estaban diseñadas para asestar fuertes y contundentes golpes contra el escudo, el casco, las extremidades o el torso de un adversario. Existían tres grandes tipos de hachas:

* Hacha de mano: relativamente ligera, contó con múltiples y variados diseños y siempre fue valorada como superior a la espada en los combates cuerpo a cuerpo.
* Hacha arrojadiza: más ligeras y distinguibles de las anteriores por su diseño y forma de empleo.
* Hacha a dos manos o hacha larga: fue un arma muy especializada. Requería mucho espacio para blandirla y exponía completamente el vientre del que la manejaba a las cuchilladas del adversario. Exigía un entrenamiento exhaustivo y la maestría en su utilización estaba sólo al alcance de unos pocos. Si uno de los golpes asestados con dicha arma alcanzaba a un oponente, la herida era mortal de necesidad.

En cuanto a las picas o lanzas para hender, constituyeron el arma característica de los guerreros más pobres, dirigida a asestar punzadas precisas y localizadas. Dio lugar a un tipo de combate totalmente distinto, pues el uso disciplinado de las mismas por un grupo de combatientes podía mantener al enemigo a una distancia considerable. La punta de la lanza estaba montada en un mango que podía revestirse de hierro para aumentar su resistencia en una refriega. En general, se fabricaban hojas alargadas y algunos diseños disponían de crucetas para prevenir que el arma quedase clavada profundamente en la víctima, circunstancia ante la cual el lancero quedaba totalmente desarmado.

Saludos.

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Comentarios   

+2 #3 Tomás 29-05-2014 00:29
Me parece un muy buen comentario y presentación, pero,¿podrías indicarme donde ampliar mi información sobre las hachas? En concreto me interesan las de una mano.
Para todo aquel que lea el comentario, alguin puede indicarme cómo conseguir manuscritos sobre el manejo para el hacha corta, con escudo o sin el.
Gracias y espero sus respuestas.
0 #2 Aven 25-03-2014 17:01
Perdón he olvidado poner el enlace...

Evolución histórica de los escudos: http://www.tierraquebrada.com/2014/escudos/
+5 #1 Aven 25-03-2014 16:59
Muy interesante el artículo, sobretodo las ilustraciones claras y concretas.

Os recomiendo también por si queréis ampliar información sobre la historia de los escudos este otro artículo con la evolución de los escudos desde el aspis griego hasta la rodela.

http://www.tierraquebrada.com/2014/escudos/

Un saludo,

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